jueves, 7 de julio de 2011

Ahí están…

El frío, el abandono y la soledad se vuelven los mejores y fieles compañeros… de aquellos que por distintas razones tienen que vivir en las calles. Habitan, cuidan de ellas. Cualquier rincón donde quiera que estén sus acompañantes se vuelve “placentero” para ellos. Recostados ante una pared de metal, echados en algún banquito paupérrimo de cualquier plazoleta o simplemente ahí tirados en un cartón a su suerte, a la suerte de cualquiera… ahí los encontramos, nuestros desvalidos.  Adornos de nuestra ciudad, ciudad que no descansa.
Cobijo, abrigo, su mejor posesión por la que no se rinden. Disminuyen las temperaturas pero ahí están como estatuas del parque, frías e inmóviles, pero ahí están.
¿Quién los ayuda?, porque ahí están, ¿Quién los ampara?, porque ahí están.

Personas que han hechos de las calles su hogar, ahí están para recibirnos cada mañana al alba. Viven y se alimentan del abandono,  del olvido de una sociedad acostumbrada a brindarles una moneda, con el fin de que no les entorpezcan la vista.

Cuánto esconden aquellos, que por ahí están, quién como ellos que se sientan en las calles para trabajar. Esta es la suerte de los que no han sido escuchados jamás.

Hay alojamiento para ustedes gritan las vírgenes desde la catedral. Hay comida para ustedes grita el chocolate olvidado dentro de un basurero. Hay baño para ustedes gritan los rincones. Hay piedad les grita una moneda que está en una mano sudada. Acá hay refugio les gritan unos cuantos grados escondidos en una botella.

Hay de todo para ustedes, los que están ahí. Hay todo menos amor, porque ustedes son, los que ahí están...



Fernanda Campos.

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